El himno del maestro Cuento de Ralf Christoph Kaiser con fotografías y traducción al francés, inglés, español e italiano para descargar en PDF
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El himno del maestro

En una época en la que el mundo aún estaba bañado por los tonos dorados del sol, vivía un músico llamado Rafael. Sus dedos bailaron sobre las cuerdas del violín a una velocidad que habría puesto celoso al propio viento. Sus composiciones eran tan complejas que las estrellas del cielo nocturno palidecían de asombro. Pero el corazón de Rafael permaneció en silencio, atrapado en la confusión de sus propias melodías.

Sus sinfonías eran un laberinto de notas que sólo él parecía poder penetrar. El mundo admiraba su genio, pero él había olvidado las alegrías sencillas que se escondían en la vida. Su esposa Michaela, una vez encantada por su talento, se vio obligada a dejarlo. Los sonidos habían reemplazado su brillo y su corazón sangraba en silencio.

Su amor por su hija Eva era lo único que todavía lo conectaba con el mundo. Pero incluso esa conexión se volvió frágil a medida que se alejaba cada vez más de la realidad. Pero un día, mientras el sol brillaba suavemente sobre las paredes de su solitaria casa, Eva llamó a su puerta. Entraron juntos a la cocina y los aromas de la vida los abrazaron.

Alegrías simples regresaron a la vida de Rafael. Los dos se rieron de la caótica perfección del lanzamiento de panqueques y de la sinfonía melódica que surgió cuando la harina cayó al suelo. En esos momentos de serenidad, Rafael encontró lo que su corazón había anhelado durante tanto tiempo.

Con una sonrisa en los labios, se sentó al piano y empezó a tocar. Las teclas se sentían más ligeras, como si le hubieran quitado el peso del mundo de encima. La melodía que surgió era simple, pero llevaba la esencia de la alegría. Un canto a la vida misma, a la belleza del momento.

Pronto una orquesta escuchó los sonidos de Rafael. Vieron el diamante resplandeciente en la crudeza de su música. La orquesta tocó sus melodías y el mundo no se cansaba de ellas. El nombre de Raphael volvió a brillar en el cielo del mundo de la música, y con él llegó Elli, una violonchelista cuyo corazón latía en armonía con la música de Raphael.

Juntos vivieron momentos que hicieron que las estrellas se pusieran verdes de envidia. Raphael formó su propia orquesta y realizaron giras por países mientras las melodías contaban sus historias. Elli no sólo se convirtió en su musa, sino también en su compañera. Bajo el cielo brillante de una cálida noche de verano, se hicieron votos el uno al otro.


Moraleja de la historia:


Rafael encontró su arte en el complejo,

pero encontró la felicidad en la sencillez.

La música puede encantar

pero la vida misma es la mayor sinfonía.


Perspectivas hacia el futuro:


Siguen viajando, de la mano,

Por tierras, sueños, por arena.

Sus melodías, llenas de vida y sonido,

Permanecerá en el corazón de las personas el mayor tiempo posible.

 

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en Inglés:

 

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El Himno del Maestro

En una época en la que el mundo aún bañaba los tonos dorados del sol, vivía un músico llamado Rafael. Sus dedos bailaron sobre las cuerdas del violín con una velocidad que habría provocado la envidia del propio viento. Sus composiciones eran tan complejas que las estrellas del cielo nocturno palidecían de asombro. Pero el corazón de Rafael permaneció mudo, atrapado en el torbellino de sus propias melodías.

Sus sinfonías eran un laberinto de notas que sólo él parecía capaz de penetrar. El mundo admiraba su genio, pero él había olvidado las alegrías sencillas que se escondían en la vida. Su esposa Michaela, una vez encantada por su talento, se sintió obligada a dejarlo. Los sonidos habían desplazado su brillantez y su corazón se quedó en silencio.

Su amor por su hija Eva era lo único que todavía lo conectaba con el mundo. Pero incluso esa conexión se volvió frágil a medida que se alejaba cada vez más de la realidad. Pero un día, mientras el sol brillaba suavemente sobre las paredes de su solitaria casa, Eva llamó a su puerta. Juntos entraron a la cocina y los aromas de la vida los abrazaron.

Los placeres simples regresaron a la vida de Rafael. Los dos se rieron de la desordenada perfección del lanzamiento de panqueques y de la sinfonía melódica creada cuando la harina cayó al suelo. En esos momentos de serenidad, Rafael encontró lo que su corazón había anhelado durante tanto tiempo.

Con una sonrisa en los labios, se sentó al piano y empezó a tocar. Las teclas se sentían más ligeras, como si le hubieran quitado el peso del mundo de encima. La melodía que surgió era simple, pero llevaba la esencia de la alegría. Un canto a la vida misma, a la belleza del momento.

Pronto una orquesta escuchó los sonidos de Rafael. Vieron el diamante resplandeciente en la crudeza de su música. La orquesta tocó sus melodías y el mundo no se cansaba de ellas. El nombre de Raphael volvió a brillar en el cielo del mundo de la música, y con él llegó Elli, una violonchelista cuyo corazón latía en sintonía con la música de Raphael.

Juntos vivieron momentos que hicieron palidecer de envidia a las estrellas. Raphael formó su propia orquesta y realizaron giras por países mientras las melodías contaban sus historias. Elli se convirtió no sólo en su musa, sino también en su compañera de vida. Bajo el cielo brillante de una cálida noche de verano, se hicieron votos el uno al otro.


Moraleja de la historia:


Rafael encontró su arte en el complejo,

pero en la sencillez encontró su felicidad.

La música puede encantar,

pero la vida misma es la mayor sinfonía.


Perspectivas hacia el futuro:


Siguen viajando, de la mano,

Por tierras, sueños, por arenas.

Sus melodías, llenas de vida y sonido,

Permanecerá en el corazón de los hombres por mucho tiempo.